Abres un documento en blanco, escribes «Experiencia laboral» como título y te quedas ahí. Todavía no hay mucho que poner debajo. Quizá acabas de terminar la carrera o un ciclo formativo, buscas tu primer trabajo al salir del instituto o vuelves al mercado laboral después de unos años dedicados a tu familia. La buena noticia: un CV sin experiencia no tiene por qué ser un CV flojo. Quien busca a alguien recién titulado o a una persona que se reincorpora no espera diez años de trayectoria. Quiere ver qué sabes hacer, cómo trabajas y por qué encajas en el puesto. Muchas veces ya tienes esas pruebas; simplemente aún no están sobre el papel.
En este artículo verás qué orden elegir, cómo convertir tus estudios, prácticas, trabajos por horas y voluntariado en pruebas convincentes, y qué es mejor dejar fuera.
Lo que busca una empresa en alguien que empieza
Con una persona con experiencia, quien selecciona se fija sobre todo en los puestos anteriores. Con alguien que empieza, busca señales: ¿sabes sacar algo adelante por tu cuenta, trabajar en equipo, asumir responsabilidades y aprender rápido? Esas señales no salen solo del trabajo remunerado. Un trabajo de fin de grado, un año en la delegación de estudiantes, tres veranos atendiendo en una cafetería o la organización de una fiesta de barrio dicen lo mismo. Tu tarea es hacerlo visible y concreto.
El orden: ¿qué va arriba?
Un CV se lee de arriba abajo, y la mitad superior es la que recibe más atención. Ahí va, por tanto, tu mejor material. Un orden que funciona para la mayoría de las personas que empiezan:
- Nombre y datos de contacto — teléfono, correo electrónico, ciudad y, si lo tienes, tu perfil de LinkedIn.
- Perfil profesional — de tres a cinco frases sobre quién eres, qué sabes hacer y qué buscas.
- Formación académica — si acabas de titularte, es tu apartado más importante y va por encima de la experiencia.
- Experiencia — prácticas, trabajos de verano o de fin de semana, voluntariado y proyectos. Llama al apartado simplemente «Experiencia» en lugar de «Experiencia laboral», para que quepa todo.
- Competencias e idiomas
- Otros datos — cursos, certificados y, si aportan algo, algunos intereses.
¿Vuelves a trabajar tras una pausa y ya has trabajado antes? Entonces tu experiencia laboral puede volver a ir por encima de la formación, sobre todo si tiene relación con el puesto. Elige el orden que muestre primero tu punto fuerte.
Un perfil profesional que diga algo
El perfil es a menudo lo primero que se lee. Con poca experiencia, es tentador llenarlo de cualidades generales como «persona proactiva, con ganas de aprender y capacidad de trabajo en equipo». Eso dice poco, porque casi todo el mundo lo escribe. Usa mejor esta estructura: quién eres + qué sabes hacer, con una prueba + qué buscas.
Un ejemplo inventado para ilustrarlo, de alguien que acaba de terminar el grado en Periodismo:
«Graduada en Periodismo (2026) con pasión por los textos claros. Durante mis prácticas en un grupo hospitalario regional redacté boletines y contenidos web para pacientes y personal. Busco un primer puesto en marketing de contenidos donde seguir desarrollando mis capacidades de redacción y organización.»
¿Ves la diferencia? No hay ni una sola cualidad vacía, pero sí una titulación concreta, un ejemplo concreto y un objetivo claro. Adapta la última frase a cada oferta.
Tu formación como prueba, no como lista
Poner solo el nombre de la titulación y las fechas es desperdiciar espacio. Muestra qué hiciste. Por ejemplo:
- Tu trabajo de fin de grado o de máster, en una frase: el tema, qué investigaste o creaste y qué resultó.
- Asignaturas o menciones relacionadas con el puesto, como análisis de datos para un puesto de marketing.
- Proyectos en grupo en los que tuviste un papel claro, por ejemplo la planificación o el contacto con una empresa colaboradora.
- Una estancia Erasmus o un cargo en una asociación de estudiantes, si dice algo de tu autonomía o tu capacidad de organización.
Menciona tu nota media solo si es buena y aporta algo al puesto. Una vez terminada la carrera o el ciclo, el bachillerato puede ir en una sola línea, y la ESO puede desaparecer.
Prácticas, trabajos por horas y voluntariado también son experiencia
Aquí es donde muchas personas marcan la diferencia. Un trabajo en un supermercado o en hostelería puede parecer ajeno a un puesto de oficina, pero las habilidades que se adquieren ahí muchas veces no lo son: atención al cliente, trabajar bajo presión, fiabilidad, formar a compañeros nuevos. Todo depende de cómo lo escribas. Compara:
Flojo: «Reponedor y cajero en un supermercado.»
Fuerte: «Tres años trabajando en un supermercado mientras estudiaba; desde el segundo año, formación de compañeros nuevos y cierre de caja por la noche de forma autónoma.»
Y para el voluntariado:
Flojo: «Voluntario en un club de fútbol.»
Fuerte: «Tesorero de un club de fútbol aficionado: elaboración del presupuesto anual, control de las cuotas de socios e informe trimestral a la junta directiva.»
La fórmula es siempre la misma: empieza con un verbo o sustantivo de acción, concreta el alcance o la duración y di cuál era tu responsabilidad o tu resultado. Usa solo cifras que sean exactas. Si no sabes algo con precisión, describe el resultado con palabras. Esos mismos ejemplos valdrán oro en la entrevista: con el método STAR los conviertes en una historia convincente.
Si vuelves a trabajar: trata la pausa con brevedad y sinceridad
¿Has pasado unos años sin trabajo remunerado, por ejemplo cuidando de tus hijos o de un familiar, por motivos de salud o tras una mudanza? No lo escondas: un hueco sin explicar genera más preguntas que una línea breve y honesta. Por ejemplo: «2021–2025: dedicación al cuidado de mis hijos.» Si durante ese tiempo hiciste algo relevante, como voluntariado, un curso o llevar las cuentas de una asociación, añádelo. No hace falta disculparse ni dar largas explicaciones; en la entrevista puedes contar más si sale el tema.
Demuestra también que estás al día: un curso reciente, un certificado o un programa que acabas de aprender dejan claro que estás listo para volver.
Un apartado de competencias con contenido
Una lista como «comunicativo, flexible, resistente al estrés» es algo que quien selecciona se salta. Haz que tus competencias se puedan comprobar:
- Competencias técnicas — menciona programas y técnicas concretos, como Excel (tablas dinámicas), Canva, WordPress o un lenguaje de programación, y solo si de verdad los dominas.
- Idiomas — indica tu nivel, preferiblemente según el Marco Común Europeo de Referencia (de A1 a C2), o con una descripción como «nativo» o «fluido».
- Competencias personales — mejor demostrarlas en otras partes del CV, en tu experiencia y tu formación, que enumerarlas sueltas.
El carnet de conducir también puede figurar, sobre todo si el puesto implica desplazamientos.
Qué dejar fuera
El espacio en un CV de alguien que empieza es valioso: una página suele ser suficiente. Por eso, elimina:
- Datos personales innecesarios, como el número de DNI, el estado civil o la dirección completa; basta con la ciudad. La fecha de nacimiento es opcional.
- Aficiones que no aportan nada. «Leer y salir con amigos» puede irse; «redactora de la revista de la facultad» puede quedarse.
- La frase «Referencias disponibles a petición». La empresa te las pedirá cuando llegue el momento.
- Afirmaciones exageradas. Si escribes que eres «experto» en algo, tendrás que demostrarlo en la entrevista.
¿Y la foto? En España sigue siendo habitual, pero no es obligatoria: decides tú. Si la incluyes, que sea reciente y profesional, no una foto de vacaciones recortada.
Adapta tu CV a cada oferta
Un CV genérico enviado a veinte empresas no suele convencer a ninguna. Lee la oferta, fíjate en qué competencias y palabras se repiten y demuestra en tu perfil y tu experiencia que las tienes. Muchas empresas pasan primero los CV por un sistema de gestión de candidaturas; en nuestro artículo sobre el CV compatible con ATS te explicamos cómo adaptar el formato y las palabras clave. Asegúrate también de que tu perfil de LinkedIn cuente la misma historia, porque es a menudo lo siguiente que miran.
¿Quieres saber en qué punto está tu CV? Con el CV Optimizer de MARA recibes sugerencias concretas de mejora sobre estructura, redacción y palabras clave, y con el CV Tailor reescribes tu CV para una oferta concreta. Tú decides qué incorporas; sigue siendo tu CV, con tu experiencia real.
Conclusión
Tener poca experiencia no significa tener poco que ofrecer. Pon tu punto fuerte arriba, escribe un perfil con una prueba concreta y trata tus estudios, prácticas, trabajos por horas y voluntariado como experiencia real. Sé honesto, limítate a una página y adapta el CV a cada oferta. Así, quien lo lea no verá un CV vacío, sino a alguien preparado para dar el siguiente paso.