Cuando se habla de networking, mucha gente se imagina salas abarrotadas, acreditaciones colgadas del cuello y conversaciones forzadas junto al catering. No es raro que se quede tanto tiempo en la lista de «tendría que ponerme con esto». Sin embargo, hacer networking para encontrar trabajo suele parecerse a otra cosa: un mensaje a una antigua compañera, un café con alguien que ya trabaja donde a ti te gustaría estar, una presentación a través de un amigo. Conversaciones pequeñas y normales, al fin y al cabo.
En este artículo verás por qué esas conversaciones pueden marcar tanta diferencia, quién está ya en tu red, cómo pedir una conversación sin pedir trabajo y cómo mantener el contacto después. Con plantillas de mensajes que puedes enviar hoy mismo.
Por qué funciona el networking
Es habitual encontrarse con la afirmación de que un determinado porcentaje de las ofertas nunca se publica. Esas cifras varían muchísimo y la fuente suele ser poco clara, así que aquí las dejamos de lado. Lo que sí se ve cuando miras cómo funciona la selección en la práctica:
- Una recomendación reduce el riesgo para la empresa. Un candidato avalado por un compañero de confianza parece menos una apuesta que un CV desconocido. No es casualidad que muchas empresas tengan programas de referidos para que la plantilla proponga candidatos.
- La necesidad suele existir antes que la oferta. Un equipo que crece o alguien que está a punto de irse: se habla de ello internamente antes de que se publique nada. Quien está en el radar en ese momento puede sentarse antes a la mesa.
- Te enteras de lo que no aparece en la oferta. Cómo trabaja el equipo, qué valora de verdad la persona responsable, con qué está lidiando la empresa. Eso te ayuda a tomar mejores decisiones y a hacer mejores entrevistas.
Curiosamente, las nuevas oportunidades no siempre llegan de tus amistades más cercanas. En 1973, el sociólogo estadounidense Mark Granovetter publicó un artículo titulado «The Strength of Weak Ties» (la fuerza de los lazos débiles). Su idea: las personas a las que conoces menos se mueven en círculos distintos de los tuyos y, por eso, tienen más a menudo información que tú aún no tienes. Ese antiguo compañero con el que no hablas desde hace años puede ser un contacto más valioso de lo que crees.
¿Quién está ya en tu red?
«Yo no tengo red de contactos» es una objeción habitual. Casi nunca es cierto: tienes una red, solo que nunca la has puesto por escrito. Abre un documento en blanco y apunta nombres, sin filtrar todavía:
- antiguos compañeros y jefes, también de trabajos a tiempo parcial y prácticas;
- compañeros de clase, antiguos profesores y gente de tu carrera o tu máster;
- amigos, familia y sus parejas (¿a qué se dedican exactamente?);
- clientes, proveedores y colaboradores con los que hubo buena sintonía;
- gente del club deportivo, de una asociación, del voluntariado o de la salida del cole;
- personas de selección con las que ya tuviste contacto, aunque entonces no saliera nada.
Junto a cada nombre, apunta dónde trabaja esa persona. Después marca dos grupos: quienes trabajan en una empresa o un ámbito que te interesa, y quienes probablemente conocen a mucha gente. Por ahí empiezas. No hace falta escribir a todo el mundo: un puñado de buenas conversaciones da más que cincuenta mensajes enviados con prisa.
Pide una conversación, no un trabajo
Aquí es donde suele fallar. «¿No tendréis por casualidad un puesto para mí?» pone a la otra persona en un compromiso: la respuesta suele ser que no, y ahí se acaba la conversación. Pide en su lugar consejo o información. Es más fácil decir que sí, a mucha gente le gusta hablar de su trabajo y tú aprendes más.
- Que sea algo pequeño. Pide veinte minutos, un café o una videollamada corta, no «quedar algún día».
- Sé concreto. Di por qué te diriges precisamente a esa persona y qué te gustaría saber.
- Pónselo fácil. Propón tú un par de momentos y adáptate a su agenda.
- Prepara tus preguntas. Por ejemplo: ¿Cómo llegaste a este puesto? ¿Qué hace que alguien tenga éxito en tu equipo? ¿Qué cambios ves en el sector? ¿Qué harías tú en mi lugar? ¿Con quién más debería hablar?
Esa última pregunta quizá sea la más importante: así cada conversación puede llevarte a un nombre nuevo, justo en la dirección que buscas. Asegúrate también de poder contar en pocas frases quién eres y qué buscas. Un elevator pitch breve es ideal para eso.
Plantillas de mensajes
Adapta estas plantillas a tu situación y a tu tono; los nombres son solo ejemplos. Sé breve: tu mensaje debería caber en la pantalla del móvil.
A una antigua compañera
«¡Hola, Lucía! Cuánto tiempo. He visto que ahora estás en [empresa], ¡qué bien! Estoy pensando en dar el salto hacia [ámbito] y me encantaría saber cómo funciona eso en la práctica en vuestro equipo. ¿Tendrías veinte minutos en las próximas semanas para un café o una llamada rápida? Me adapto a tu agenda.»
A través de un contacto en común
«Hola, Ahmed: Lisa me ha pasado tu nombre; me dijo que tú podrías contarme muy bien cómo es trabajar como [puesto] en [empresa]. Vengo del ámbito de [ámbito] y me estoy planteando un cambio hacia [dirección]. ¿Te vendría bien una conversación corta de un cuarto de hora? Si ahora no es buen momento, lo entiendo perfectamente.»
Mejor aún: pide a vuestro contacto en común que os presente con un correo breve. Una presentación de alguien a quien ambos conocéis se parece mucho menos a un mensaje caído del cielo.
A un antiguo alumno de tu universidad
«Hola, Javier: he visto que los dos estudiamos [titulación] en [universidad]. Me ha llamado la atención tu paso de [ámbito A] a [ámbito B], porque me estoy planteando algo parecido. ¿Podría hacerte unas preguntas sobre cómo lo afrontaste? Veinte minutos por videollamada ya me serían de gran ayuda.»
El seguimiento: ahí se marca la diferencia
La primera conversación no es el final. Es en el seguimiento donde marcas la diferencia, y justo ahí es donde mucha gente lo deja.
- Da las gracias en menos de un día. Menciona algo concreto que te llevaste de la conversación, para que no parezca un mensaje genérico.
- Haz algo con el consejo. Si alguien te dio un nombre, contacta de verdad con esa persona y cuéntale a tu contacto que lo has hecho.
- Manda una actualización al cabo de unas semanas. «Gracias a tu consejo hablé con Marta. Ahora me estoy centrando sobre todo en…» Así sigues en el radar sin agobiar.
- Devuelve el favor. Un artículo relacionado con lo que la otra persona tiene entre manos, una felicitación por un nuevo puesto, una presentación a alguien de tu red. El networking funciona en ambas direcciones.
- ¿Sin respuesta? Envía un único recordatorio amable al cabo de una o dos semanas. Si después sigue el silencio, déjalo estar. La gente va muy liada y normalmente no tiene nada que ver contigo.
Lleva un registro sencillo, por ejemplo en una hoja de cálculo: nombre, empresa, fecha del contacto, de qué hablasteis y cuándo volverás a escribir.
Networking si eres introvertido
Ser introvertido no es una desventaja para hacer networking; solo requiere otro enfoque. Buena parte de lo que define un buen networking suele encajar muy bien con las personas introvertidas: escuchar con atención, hacer preguntas meditadas y preferir las conversaciones uno a uno a ir de corrillo en corrillo.
- Elige el uno a uno antes que los grandes eventos. Un café o una videollamada con una sola persona gasta menos energía y suele ir más a fondo.
- Empieza por escrito. Un mensaje puedes prepararlo y reescribirlo con calma.
- Lleva unas cuantas preguntas. Con tres buenas preguntas en el bolsillo no tienes que preocuparte por el tema de conversación.
- Ponte un objetivo pequeño. Dos conversaciones de verdad en una tarde está muy bien. Después, puedes irte a casa.
El papel de LinkedIn
LinkedIn no sustituye a la conversación, pero sí la facilita. Allí encuentras a personas, ves los contactos en común y puedes enviar un primer mensaje.
- Pon a punto tu perfil. Quien recibe tu mensaje suele echar antes un vistazo a tu perfil. Un titular claro, un extracto actualizado y una experiencia acorde con lo que buscas hacen más fácil decir que sí. En nuestro artículo sobre cómo optimizar tu perfil de LinkedIn te explicamos cómo hacerlo.
- Añade una nota personal a la solicitud de contacto cuando escribas a alguien a quien no conoces bien. Una o dos frases sobre por qué te pones en contacto bastan.
- Haz saber que estás buscando. En tu perfil puedes indicar que estás abierto a nuevas oportunidades, de forma visible para todo el mundo o solo para quienes hacen selección. Elige lo que mejor encaje con tu situación.
¿Quieres acelerar tu preparación? El LinkedIn Optimizer de MARA te ayuda a afinar tu perfil, con el Elevator Pitch Generator resumes en pocas frases quién eres y qué buscas, y la Marketing Bio de MARA te da un documento breve para compartir después de una conversación de networking, de modo que tu contacto pueda recomendarte con facilidad.
Conclusión
Hacer networking para encontrar trabajo es más pequeño y menos intimidante de lo que parece. Empieza con una lista de personas que ya conoces, una petición de consejo pequeña y concreta, y la disciplina de hacer seguimiento. Hazlo con regularidad y no solo cuando necesites algo con urgencia, y da con la misma naturalidad con la que pides. Si una conversación termina en una invitación a entrevista, prepárate con las preguntas de entrevista más frecuentes. Y envía hoy un mensaje: no hace falta más para dar el primer paso.